IBEROJAZZ
PUNTO DE ENCUENTRO DE LAS CULTURAS IBÉRICAS

En estos tiempos, en los que hace poco más de un siglo de la aparición del jazz (1897) aprox., en el territorio sur norteamericano (Nueva Orleáns), fruto de la liberación de los esclavos negros, que después de heredar una tradición de sus antepasados africanos y de convivir con los colonos ingleses, franceses, españoles, portugueses y sus vecinos caribeños, lograron encontrar los corazones del ser humano. Sumado a la avanzada y evolutiva "cultura occidental" que se hacía predominante, se consiguió introducir el jazz en las diferentes culturas del mundo. Es un deber y un derecho de todos, comprender nuestra directa implicación cultural con esta música.

La historia del jazz no garantiza la fecha de su nacimiento, pero sí precisa que antes del jazz existían una serie de cantos de tradición folclórica africana y occidental, con exaltados sentimentos de esperanza y agonía, debido a la situación dramática de dominio y esclavitud que vivían los afroamericanos en aquel momento.
Podemos hablar de dos formas de canto primitivas, previas al jazz: los “worksongs” o cantos de trabajo (composiciones de dos estrofas, que finalizaban con un jadeo o gruñido, en señal de protesta o quejido, dando paso a otro grupo de estrofas).
Y los cantos espirituales (también conocidos como gospel), que a menudo la comunidad negra cantaba en las celebraciones religiosas y que consistían en canciones de origen europeo que los colonos trasladaron a los esclavos.

Ya situados en Nueva Orleáns (por el año 1819) y antes de que naciera el jazz como tal, la historia nos habla de unas danzas que los africanos bailaban al compás de unos instrumentos de percusión y de cuerda en un espacio llamado Congo Square, y que recordaban la música indígena africana. Pues bien, si nos remontamos a tiempos anteriores en Europa, ya desde la Edad Media, y antes del descubrimento de América, al igual con los africanos, también nuestros antepasados tenían sus propias danzas que nosotros heredamos, tanto en la Europa del norte y del este como en la del sur y del oeste; es evidente, que la Europa occidental en su conjunto, está más próxima de América, tanto en la colonización, como en la emigración de los años posteriores, por lo tanto más próxima del jazz. Seremos los países atlántico-europeos los que veremos nacer y desarrollar esta música, y la mayoría de sus vertientes y estilos.

¿Qué es el Jazz, y por qué Nueva Orleáns es su cuna?

¡TIenen tantos problemas los historiadores para formular sus teorías, como los antropólogos cuando intentan explicar que los monos son los antepasados de la raza humana! Ni unos ni los otros pueden identificar el momento en el que los respectivos fenómenos que tratan tomaron una forma reconocible.
Son muchas preguntas, pero sin duda el jazz puede ser el resultado de los cantos de trabajo, el gospel, la música europea, los bailes de Congo Square, y de la curiosa consecuencia de un exceso de instrumentos que las bandas militares dejaron de utilizar después de la guerra de Secesión americana (1865), pasando a manos de las comunidades negras y haciendo aparecer así, los primeros grupos instrumentales que acompañaban en ritmo de marcha los funerales, tanto de la propia comunidad negra, como de las coloniales. Y, por supuesto, el ragtime y el blues.
El Ragtime es otra tendencia musical en el ADN del jazz, con una técnica desarrollada a partir de las estructuras formales de la música clásica, y que practicaban fundamentalmente los pianistas en los burdeles de las ciudades más importantes bañadas por el Missisipi, donde, por supuesto, no podría faltar Nueva Orleáns.
El Blues es la otra gran invención inspirada en los gritos de los trabajadores de las plantaciones y por las adaptaciones de los cantos espirituales a unas fórmulas que cogerían forma en las primeras décadas del siglo XX.
Pero si esto es el ADN del jazz; la síntesis corporal y existencial que perdurará en el tiempo, es la improvisación, que hace que el Jazz se convierta en una música universal de comunicación directa, y ésta se basa en la capacidad de crear espontáneamente frases, armonías y diferentes ritmos sobre una música primaria.
Los antropólogos le llaman “sincretismo” al resultado de la mezcla de elementos culturales, que con anterioridad vivían por separado. Esta dinámica tan consustancial del jazz, sigue ejerciendo una importante influencia en nuestra época, en la que los estilos de la citada música de origen afroamericano, se combinan a la perfección con las músicas de otras culturas.

Sin profundizar más en la evidencia que el jazz es una de las grandes formas de sincretismo y, teniendo en cuenta la gran presencia que España y Portugal tuvieron en la colonización y en la emigración posterior, tanto en el norte como en el sur de América como en la propia Nueva Orleáns, haremos un pequeño resumen de lo que fue y es el jazz en la Península Ibérica.

La suma de caracteres latino, celta, flamenco, árabe, judío, mediterráneo, atlántico, etc. que la cultura ibérica tiene, es y seguirá siendo de atractiva curiosidad e interés para todo el mundo, e influye directamente en la evolución periódica del Jazz a lo largo del siglo XX y XXI.

Haciendo un pequeño recordatorio histórico de jazz en España y Portugal, se puede decir que desde los años cincuenta, los músicos de las orquestas de baile, cabarets y espectáculos, xunto con los emigrantes que llegaban de América cargados de discos, fueron los principales portadores y de alguna forma, transmisores del sonido del jazz a la Península.
En España nos sentimos en deuda con músicos como Tete Montoliu, Pedro Iturralde, Blady Vas, entre otros, que tuvieron la valentía de interpretar jazz en una época en la que estaba oficialmente prohibido.
Ya en los ochenta, recién acabadas las dictaduras española y portuguesa, es cuando nacen en la península Ibérica las primeras escuelas privadas de Jazz, y la especialidad comienza a tomar forma y ubicación.
Harán falta entre quince y veinte años para ver cómo las primeras escuelas superiores de Música de enseñanza pública en la Península abren sus puertas a la especialidad del Jazz.

Se considera por tanto a día de hoy necesario dar a conocer nuestro jazz y las nuevas formas que lo hagan evolucionar, y eso lleva consigo la necesidad de conseguir, dentro de la mayor diversidad posible, las distintas manifestaciones y creaciones musicales de ambos estados a través de encuentros que consigan la diversidad cultural de nuestro entorno más próximo. Es por eso que el Iberojazz cuenta con una filosofía enfundada en éstos y en otros puntos analizados con anterioridad, y pretende servir de punto de referencia de las nuevas creaciones de los músicos que viven en el espacio peninsular e insular que componen España y Portugal.

Alberto Conde