Atlantic Bridge
Sexteto
formado en A Coruña en el año 2.008 por el pianista Alberto Conde y por el
guitarrista Steve Brown; y que se completa con la presencia de Roberto Somoza a
los saxos tenor, alto y soprano, de Walter White a la trompeta y al fliscornio,
de Miguel Cabana a la batería y de Kin García al contrabajo.

Steve
Brown, pedagogo de gran reconocimiento en el mundo del jazz y
creador del programa educativo del Ithaca College de New York, es un veterano
músico que ha participado en numerosos seminarios en nuestro país; en uno de
ellos conoce a Alberto Conde y desde entonces se crea un fuerte vínculo entre
ambos músicos.
El
pianista gallego, al igual que Roberto Somoza y Kin García son profesores del
Conservatorio Superior de Música de A Coruña, donde José Luís Evangelista ha
dado forma a un envidiable proyecto educativo que está situando a los músicos
gallegos en la vanguardia del jazz que se hace en nuestro
país.
Walter White, miembro asiduo en las orquestas de Wynton Marsalis y de Maynard Ferguson; y Miguel Cabana, que también realiza labores de enseñanza en la Escuela Municipal de Música de A Coruña; completan un grupo que presenta un excelente primer trabajo discográfico, AtlanticBridge, en el que se mezclan nueve piezas originales claramente influenciadas por los ritmos, las armonías y las melodías de raíz ibérica.

Alberto
Conde inicia su carrera profesional como guitarrista, aunque desde el año 1.985
deja las seis cuerdas por el piano; instrumento con el que alcanza gran
relevancia dentro de nuestro jazz.
En
el año 1.983, funda y dirige la Baio Ensamble; formación con la que graba dos
trabajos discográficos; Paisajes y Diálogos, logrando
el 2º premio en la vigesimoprimera edición
del Festival de Jazz de San Sebastián.
Compositor
influenciado por la música de raíz gallega, no en vano es colaborador habitual
de Emilio Cao; es autor de los discos A lagoa dos Atlantes y
Celtrópolis, escritos para grandes formaciones, al igual que el
concierto sinfónico para guitarra y orquesta Sonidos de Bitácora; y
especialmente de los proyectos Entremares y Andaina,
registrados en formación de trío junto al contrabajista Baldo Martínez y al
baterista Nirankar Khalsa.
Esencia
es una composición con cierto aroma brasileño que se desarrolla en dos planos
expresivos bien diferenciados, aunque se combinen de manera acertada al ir
alternándose las diferentes concepciones que cada uno de los miembros del
sexteto tienen sobre el tratamiento de las líneas escritas por ti. El primero lo
constituye la sección rítmica y los metales, cuando actúan a dos voces, y se
centra principalmente en el tratamiento rítmico de la melodía con ese carácter
marcadamente latino. El segundo, más cercano a la tradición jazzística, queda a
cargo de la guitarra, de la trompeta y del saxo en cada uno de sus solos. Lo
cual es bastante peculiar, ya que constantemente se tienden puentes entre uno y
otro lado, que son recorridos en ambas direcciones por los miembros del
grupo.
Es
una composición originariamente de tipo ternario que corresponde a uno de los
temas de mi ópera prima Sonidos de Bitácora, concierto sinfónico para
guitarra y orquesta, que estrené en el año 2.002; y que posteriormente adapté al
jazz en estructura binaria.
Está
inspirada en una línea melódica renacentista y el tipo de composición
corresponde a una forma turn-around de treinta y dos compases que
evoluciona armónicamente desde la tonalidad de A menor a
Se
caracteriza por movimientos armónicos cromáticos. Comienza con una
intro evolutiva de veinticuatro compases sobre A menor que evoluciona
cromáticamente hacia la entrada del tema y finaliza con la misma intro
con la que empieza en forma vamp; es decir, en libre improvisación
sobre repeticiones de ocho compases.
A
Steve Brown le pareció un tema muy interesante. Me preguntó su origen y luego lo
puso como ejemplo de la adaptación de la música renacentista europea al jazz en
algunas masterclass que ofrecimos durante la grabación del disco en Ithaca
College y en
En
cambio, Dos en uno, me recuerda a la línea desarrollada en tus dos
trabajos anteriores en formación de trío junto al contrabajista Baldo Martínez y
al baterista Nirankar Khalsa, Entremares y Andaina. Es una
pieza que aún estando escrita desde una clara perspectiva jazzística se nutre de
la música de raíz gallega, especialmente en el dibujo de su melodía. Una melodía
que es redibujada magistralmente por Walter White, aunque sin perder por ello su
esencia original. La trompeta y el piano entablan un dialogo ágil y dinámico, a
veces cercano al blues, que se ve potenciado por el trabajo de Kin García al
contrabajo, que abandonando la contención demostrada inicialmente en el
acompañamiento rítmico de la pieza, se aventura por nuevos caminos, según avanza
hacia su final.
La
hice expresamente para el sexteto y está pensada en su conjunto para los músicos
que la interpretan.
Su
melodía quizás recuerde un estilo familiar en mi modo de componer por tratarse
de un tema principal que se repite con una progresión armónica sucesiva, no
repetitiva, y que da paso al segundo tema.
Pero por el contrario de las composiciones para mi trío, esta tiene un tratamiento orquestal basado en el jazz ensamble. La forma es intro, A,A,B, intro. Estructura que empleo en ocasiones en mis composiciones.
Kin
García es uno de los nombres más relevantes de la escena musical gallega.
Habitual en proyectos que van desde Dulce Pontes o Uxía hasta Pepe Evangelista o
Jesús Pimentel; y fundador de la escuela de música creativa
Drop´s, publica su primer trabajo discográfico como líder, O lobo morde a
man, en el año 2.006.
Las
dos composiciones que aportas al proyecto,
Blues
para Mar y
Lobo, ya aparecían en tu primer trabajo discográfico al frente de tu
trío, O lobo morde a man, registrado junto a Gabriel Evens al piano y a
Andrés Rivas a la batería.
En esta ocasión, la primera es desarrollada con un carácter menos intimista que en tu anterior trabajo discográfico; y curiosamente, el tratamiento de la melodía por parte del sexteto le da un cierto color a Mancini. Steve Brown se encuentra perfectamente secundado por ti y por Miguel Cabana en la batería; quizá el dialogo entre los tres instrumentos es la parte más reconocible, aunque con la salvedad de haber sustituido el piano por la guitarra en el tramo planteado en formación de trío. Además, el instrumento de las seis cuerdas se plantea como nexo entre los solos de Roberto Somoza y de Walter White; ambos llenos de lirismo, el primero más pausado y el segundo más enérgico. Algo que evidentemente da otro color a tu composición.
Es
un tema dedicado a mi hija. Navega entre dos estilos el hard boop y el
cool, de estructura sencilla y sofisticada en el ritmo armónico.
La
gran fuerza de Walter White en el primer fragmento de la melodía
contrasta con el comping de Steve Brown, muy sofisticado, al
estilo de las grandes big bands.
Es
un tema de corte americano compuesto por un gallego e interpretado por una
banda mixta consiguiendo un sonido fresco.
Es
una composición de carácter narrativo influenciada por mi
constante contacto con la naturaleza; y trata de describir el misterio
en que se ve envuelto este enigmático animal.
La
primera parte del tema se soporta sobre una estructura modal con dos
claras sonoridades: frigio con la sexta mayor
y dórico aportando un gran misticismo a la composición.
La segunda parte la constituye un ciclo armónico cerrado que contrasta con la cruda realidad de este animal y su relación con el ser humano. Para conseguir este efecto utilizo de forma ambigua, la armonía tonal y modal hacia el primer objetivo.
Miguel
Cabana inicia sus estudios de percusión clásica a la edad de trece años, y desde
los quince en músico habitual en formaciones de rock, pop o funk. Ha sido alumno
en batería de Antonio Cruz Perillo y en percusión latina de Javier
Ferreiro Man. Continua su formación académica en la Escuela de Música
Creativa en Madrid junto a Carlos Carli y posteriormente se licencia con
matrícula de honor en la Guidhall School of Music and Drama de Londres.
Forma parte del cuarteto de José Luís Evangelista, del grupo de Carmen Rey y del trío de Javier Constela; aunque su proyecto más particular, Monkillos, que ha visto la luz a nivel discográfico hace apenas unos meses con In Monk we trust, toma como punto de partida la música del genial pianista con el fin de someterla a una transgresora revisión en compañía del guitarrista Marcelino Galán y del contrabajista Xacobe Martínez Antelo.
Roberto
Somoza es en la actualidad el saxofonista de Clunia; célebre formación
gallega que tras casi catorce años de silencio vuelve en formación de quinteto
con Nani García al piano, Baldo Martínez al contrabajo, Matthew Simon a la
trompeta y Fernando Llorca a la batería, con un trabajo discográfico titulado
5.
Como
líder ha registrado hasta el momento cuatro grabaciones. La primera, Regra
de Tres, en formación de trío junto a Alfonso Morán al contrabajo y Andrés
Rivas a la batería es editada en el año 2.004.
La
segunda, Tempos de cambio, publicada dos años más tarde, mantiene al
contrabajista de su trío, aunque Kin García colabora en la pieza Alalá de
lúa con el bajo eléctrico; pero el grupo se amplía con la presencia de
Manuel Gutiérrez y Alberto Conde al piano, este último tan solo en el corte
Breogán, de Carlos Bastón a la batería, que a la vez
es sustituido por Carlos López en el tema Recordo a King of blue, y de
la vocalista Belén Xestal en Negra sombra, basado en el poema
de Rosalía de Castro.
Trío
eléctrico sale
al mercado en el año 2.008 y en el también participan Kin García la bajo
eléctrico y Fernando Llorca a la batería; hasta llegar al que es su último
proyecto hasta el momento, The Vanguard. Álbum en el que rinde tributo
al saxo alto y a los grandes maestros de este instrumento, con una serie de
composiciones arregladas desde una perspectiva contemporánea, que explotan al
máximo el formato de pequeña orquesta en compañía de Hansel Luís Díez y Ricardo
Costa a las trompetas y fliscornios, Edward Machado y Nandor Kasza a los
trombones, Jacobo de Miguel Bueres al piano, Kin García al contrabajo y Fernando
Llorca a la batería
Mr.
Brown,
se sustenta en tres pilares: el trabajo rítmico del trío, el acompañamiento
acompasado de los metales y el uso de la guitarra como origen de cada uno de los
numerosos giros expresivos que va adquiriendo la pieza en su lectura. Te
presentas de manera intimista y recogida en tu solo en la parte central de su
desarrollo, mientras que la sección rítmica se muestra con gran agresividad,
obligándote a subir poco a poco en intensidad expresiva aunque sin renunciar en
ningún momento a ese viaje interior que dibujas con cada nota. Tan solo rompes
esos límites al final de tu solo, pero en ese momento la delicadeza de la
melodía es retomada por el piano de Alberto Conde. El regreso de la trompeta
recupera el carácter coral de la pieza, que se encamina a su final en un
contenido crescendo, perfectamente secundado por Steve Brown y que
culmina con un solo intenso de marcado carácter español de Walter
White.
Tanto
Mr Brown como For thousand miles, están escritos especialmente
para este proyecto. Antes de empezar a componerlos mantuve una larga
conversación con
Creo
que ambos temas guardan una relación directa con los demás, y eso es para mí muy
importante. No me hubiese gustado que cuando la gente los escuchase en sus casas
pensara: vaya, este tema suena distinto a los demás…; en un
principio puede sonar a un halago, pero me gusta pensar las obras en todo su
conjunto, y esto sería un desastre para el disco y sus
objetivos.
Los
temas están pensados para que cada uno de los músicos aporte, tocando, su visión
particular de esta reunión, de este viaje. Los temas son frescos y su
desarrollo muy natural, sin grandes pretensiones. Es como una conversación entre
todos los músicos, donde ninguno predomina sobre el otro,
todos son fundamentales para que el tema cobre
vida.
Mr. Brown, está dedicado obviamente a Steve Brown. Me pareció una persona excepcional desde el primer momento que lo conocí, y el sonido de su guitarra fue para mí una experiencia muy gratificante.
En
un principio lo que te viene a la cabeza es componer un tema al estilo be bop,
pero no iba con la estética que tenía pensada para este disco, así que me
imaginé a Steve adaptando toda esa fuerza del Jazz clásico a una composición
contemporánea, alejada del swing más puro, pero manteniendo los conceptos
básicos que recuerdan a los orígenes de la música
improvisada.
Así
pues, el principio del tema usa un recurso propio de
La
melodía es interpretada por la trompeta, el saxo y la guitarra, y se basa en
figuraciones rítmicas muy ágiles, que definen desde un principio el estilismo
contemporáneo del que hablaba anteriormente.
Todo
está escrito como en una pequeña suite, tan sólo tiene un poco de libertad la
guitarra de Steve que comenta las melodías brevemente siempre sobre el
obstinato del resto de la sección
rítmica.
El
siguiente cambio rítmico que se observa es un paso a tres por cuatro. Dos
compases fuertes y llenos que desembocan a
Aparece
ahora, de improviso, una frase escrita para la trompeta que irrumpe de forma
inesperada en la composición y que recuerda a los orígenes del jazz, en los que
la música clásica era escuchada por los primeros improvisadores y adaptada
después a los primeros estilos como el dixie o el blues.
Un
guiño a la música barroca, donde durante unos compases, conviven sin conflictos
el jazz y la música clásica.
Prosigue
el tema sin pausa con un groove más fuerte y definido sobre un cinco
por cuatro, con acordes colocados en sentido ascendente y una sensación rítmica
más fusionera. El efecto auditivo es el de un tema en crescendo, que
cobra vida después de una pequeña pausa.
Y
por fin llega el final, donde Steve Brown se separa del resto del
grupo. Un groove sobre un obstinato de la guitarra, predomina encima de
piano y contrabajo que contraponen el suyo propio al unísono, mientras la
batería funciona como un pequeño motor que mantiene unidas todas las
piezas.
Four
thousand miles, viene
a poner de manifiesto la coherencia del sonido del sexteto a pesar de que la
escritura se apoya en cada uno de sus miembros. Resulta realmente complicado
diferenciar a uno u otro autor en el conjunto de la propuesta; ya que todos
parecen nutrirse de la misma fuente, hablar un mismo lenguaje. Sensación que
afianza la calidad del proyecto, ya sea tomando como punto de partida la cultura
de raíz española o americana como se demuestra en esta composición, en la que se
pueden apreciar de manera clara todas las ideas desarrolladas en el resto de
Atlantic Bridge: libertad expresiva, coherencia en el mensaje
que se transmite, el completo dominio técnico necesario para poder expresarlo y
la mirada abierta de cada una de las diferentes voces que dan forma al sexteto.
¡Si hasta la trompeta de Walter White huele a sur en este
tema!.
Four
thousand miles,
es el segundo tema que compuse para el grupo y su tratamiento fue para mí muy
distinto.
Lo
escribí pensando en la música de cine, y todos sus elementos trabajan para
conseguir este objetivo. Es una película, imágenes en movimiento a través de
La
salida del puerto es una incertidumbre, hay muchas dudas sobre el futuro y pocas
cosas que contar. El contrabajo comienza transmitiendo esta
sensación. Las primeras millas ya en alta mar no mejoran mucho la situación;
reina en el mar la bruma, la humedad, el frío, y la sensación de soledad está
presente en todas partes.
El
tema está ya sonando sobre un modo menor, el contrabajo se mantiene y la
melodía, interpretada de nuevo por la trompeta, el saxo y la guitarra; es serena
y relajada.
De
repente se produce un cambio de tono. El saxofón aparece con profundidad y
melancolía con una sencilla frase que es contestada después por la trompeta.
Todo
el grupo se hace partícipe ahora de la situación y se forman estructuras ásperas
y repetitivas que van en crescendo y aumentan la sensación de
intranquilidad que hay durante el viaje. Todos quieren hablar y expresarse. El
diálogo va subiendo de intensidad hasta un fortísimo que da paso a un
final abrupto.
Es
ahora cuando una única voz toma el mando de la situación. El piano cobra un
protagonismo absoluto; es la única voz que se escucha y con un lenguaje
totalmente libre hace su propia interpretación de la situación y marca el rumbo
a seguir. El solo de Alberto Conde es una parte vital del desarrollo de este
tema porque contribuye al desarrollo, comprensión y desenlace de la
composición.
El final del tema transmite una sensación de coherencia en medio del caos. Es relajado y al oírlo sabes que todo ha terminado bien. Es la llegada a puerto. De Galicia a New york… el espíritu de Atlantic Bridge.
Steve
Brown, coautor junto al contrabajista Ray Brown del reconocido texto
An introduction to jazz improvisation, es un
reconocido guitarrista, compositor, arreglista y, recientemente retirado
profesor y director del programa de jazz del Ithaca College; tiene cuatro
trabajos discográficos publicados como líder: Good lines, Child´s
play, Night waves y Crossroads.
Una
producción que, lamentablemente, se antoja algo escasa tras tantos años de
recorrido en compañía de músicos como los contrabajistas Steve Gilmore, que ha
dado como resultado la grabación de cuatro discos I´m all smiles,
Silhouette, The jazz dancer and the bass player y Reflections in
the night, este último con Bill Charlap al piano; y Chuck Israels, con
quién ha registrado recientemente en formación de trío el álbum
Convergence; los bateristas Billy Hart,
Bill Goodwin y Danny D´Imperio, con el que colabora en
Blues for Philly Joe, Hip to it, Glass enclosure y
The outlaw; los saxofonistas Gerry Niewood, Bobby Watson, Phil
Woods y Bob Keller, con el que ha grabado recientemente el disco It´s about
time, en el que también podemos oír al contrabajista Steve La Spina ; el
organista Jimmy Smith o los pianistas Barry Harris y Hal Galper. En definitiva,
toda la aristocracia de este género musical.
También
es conocida su labor en las orquestas de Ray Brown o de Chuck Mangione, en la
Full, Faith & Credit Big Band, la Ithaca Ageless Jazz Band, el National Jazz
Ensemble, liderado por Chuck Israels, el Airmen of Note, el Celebration of the
Arts Jazz Festival o la Harvard University
Band.
Noia,
es la única pieza que aportas al conjunto de este Atlantic
Bridge. Es una balada p, reciosista donde muestras
tu cara más lírica. El trabajo de Kin García es magnífico; su contrabajo
se mueve marcando, en algunos momentos, un camino muy distinto al emprendido
por la guitarra. Tanto Roberto Somoza como Walter White
profundizan en el tratamiento de la melodía, algo que recalca aún más la
delicada presencia del sonido de tu instrumento. Todos los
solos están dotados de una gran belleza melódica y el acercamiento a la
misma por cada uno de los integrantes del grupo se presenta como parte
fundamental de la composición.
Estoy
totalmente de acuerdo con estas palabras. Compuse este tema inspirándome en
Noia, que para mí es un lugar absolutamente maravilloso.
Me
inspiro en la belleza de este país, en la belleza y bondad de sus gentes y en
el sentido creativo de sus artistas.
La
composición está escrita sobre una forma clásica AABA utilizando una
estructura armónica evolutiva desde la tonalidad de F menor a
Sigue también la forma de la repetición de la melodía en el tema principal, con evolución armónica constante sobre F menor hasta la modulación a C mayor; consiguiendo de esta manera una unificación de criterios para la construcción de este álbum.
Walter White creció en el seno de una familia marcada
por la música en las afueras de Detroit. En su formación inicial conviven con
idéntica intensidad su interés por la música clásica, en especial por las
composiciones de Ludwig Van Beethoven, y por el jazz, representando en la figura
de Louis Armstrong.
Sus
primeros instrumentos fueron el saxo barítono y la tuba; decantándose por la
trompeta a los nueve años. Realiza sus estudios entre el Interlochen Center for
the Arts, en Michigan, la Juilliard School of Music, en New York, la Universidad
de Miami y el Banff Centre for the Arts, en Alberta.
Entre
sus profesores destacan las figuras de los trompetistas Kenny
Wheeler, John Lindenau, Carmine Caruso, Jerome Amend y William
Vacchiano.
El
dinamismo y la calidad de su toque le han hecho trabajar junto a músicos de tan
variados estilos como el pianista Bob James, el trompista y director de orquesta
Gunther Schuller, el contrabajista Dave Holland, o el también trompetista
Maynard Ferguson; y en formaciones como la Woody Herman Orchestra, la Orquesta
Sinfónica de Detroit, la Lincoln Center Jazz Orchestra dirigida por Wynton
Marsalis, la Jaco Pastorius Big Bad, la Mingus Big Band o la Dave Matthews Jazz
Orchestra, con la que está tocando en la actualidad.
Florence
y
Atlantic Bridge, las piezas con las que se abre y cierra el proyecto,
están escritas de manera muy distinta a las aportadas por el resto de los
miembros del grupo. Muy jazzisticas ambas, pero dotadas de distinta intención
permiten la alternancia natural de los solos y el que cada uno de los músicos
pueda dar su visión personal sobre lo que has escrito.
Es
curioso el hecho de que escribí Florence hace
veinticinco años y Atlantic Bridge hace apenas unos meses.
La
segunda, que da nombre al proyecto, es luminosa y más coral. Parece estar
escrita pensando en que músicos van a interpretarla.
Permitiendo con ello que crezca exponencialmente con cada una de las
aportaciones de los miembros del sexteto. Su swing es vibrante y directo. Los
solos se suceden ágilmente y cada uno no solamente completa al anterior sino que
incluso aporta un color distinto en el desarrollo del tema. Una composición que
terminará por tener tantos giros estilísticos como voces se puedan escuchar en
ella.
Cuando
Steve Brown me dijo que los músicos españoles venían a grabar a
Ithaca; y me pidió colaborar formando parte del grupo me
sugirió que escribiera dos composiciones para el
sexteto.
Después
de pensar en el nuevo arreglo de Florence para el grupo, investigué en
la música de origen gallego y escuchando una melodía de X.M. Budiño, que es un
gaitero gallego, encontré la inspiración para hacer esta nueva composición que
es en su totalidad está pensada y es original para Atlantic Bridge.
Es
una mezcla de una melodía original gallega con un concepto rítmico y armónico
sobre diferentes paletas del sonido de jazz norteamericano.
La composición consta de cuatro temas diferentes, generando una combinación de
ritmos y estructuras complejas que reflejan el sentido de este
proyecto
La
primera, en cambio, es de naturaleza menos coral y su motivo de inspiración es
bien distinto. Su escritura es quizás más cercana a la tradición española.
Algo que no deja de ser curioso en un músico que ha trabajado
junto a Wynton Marsalis y a Maynard Ferguson ahondando en el jazz de raíz
afroamericana. Aunque si es cierto que mantiene un punto en común con tu otra
aportación al álbum: el interés por la interacción con el resto de los miembros
del grupo. Cada músico va aportando ideas a la misma. Pero no se hace de manera
colectiva, sino de manera individual. Cuestión que se me adivina como
fundamental para que el oyente aprecie el trabajo de cada uno de los miembros a
la hora de dar forma al increíble sonido que alcanza a tener el grupo como
unidad expresiva.
Florence la escribí en Banff, en Canadá. La simplicidad de la canción fue lo que me cautivó de ella, cuando me vino a la cabeza su sencillo obstinato que acompaña a la composición hasta los solos y que sirve de hilo conductor de la misma hasta el final, fue el punto de partida y un descanso a la vez, pues me encontraba en aquellos momentos en un estado de estrés musical debido al estilo avantgarde y al free jazz en el que estaba inmerso en ese tiempo.

